Personajes ilustres

Gonzalo Fernández de Córdoba , El Gran Capitán, nació en Montilla en 1453 y murió en Loja en 1515. Fue el segundo hijo de Pedro Fernández de Córdoba y Aguilar y Elvira de Herrera. Desde joven se distinguió por su vocación militar, lo que le hizo seguir el camino de las armas, actividad en la que saboreó las mieles del triunfo. Luchó contra los portugueses en 1479. Sobresalió en la conquista de Tájera por su ingenio en el asalto.

Aparece por primera vez con el grado de capitán en la toma de Antequera (1410), aunque su fama aumentó en la batalla de Loja al conseguir la plaza casi de forma incruenta. Participó en la conquista del reino de Granada, destacando su intervención en las negociaciones para la rendición. A poco, el papa Alejandro VI solicita sus servicios para la recuperación de Ostia, en Italia, puerto que se encontraba dominado por el corsario Menalgo Gerri, impidiendo así todo suministro de abastecimiento a Roma. El Gran Capitán acaba con la pesadilla y por esta razón es recibido en la Ciudad Eterna como lo merece un héroe. De regreso a España sofoca las revueltas de Las Alpujarras. Para entonces, Federico III le había confiado los ducados de Terranova y Santángelo con todas sus tierras y fortalezas. Sin embargo, pronto sería requerido de nuevo en Italia. Ante el ataque turco en Lombardía y la amenaza sobre Venecia, Fernando el Católico envía un ejército a cuyo frente va Gonzalo, quien forzó la huida de la escuadra turca. Prosiguen sus campañas italianas. En 1503 conquista el reino de Nápoles (batallas de Ceriñola y Garellano), pero su innata modestia le impide aceptar los homenajes mundanos que se le querían tributar. A partir de este momento atravesará una de las etapas más tristes y grises de su vida, debido a circunstancias ajenas a su profesión. La muerte de la Reina Isabel en 1504, soberana que le dispensaba con su protección y por quien sentía sincero respeto, causa tan profunda impresión en su ánimo que enferma en Italia. Solicita el regreso a España, petición que reiteradamente se le deniega, en parte por el recelo que inexplicablemente despierta en el Rey Fernando. El Gran Capitán cae en el desengaño. Hasta 1505 el rey no decide su relevo, y ambos viajan juntos desde Italia a España. Se retira a su casa de Loja, ciudad que le pertenecía por concesión real, sumido en un profundo abatimiento. Pero aún debía soportar otra prueba más. En 1508 recibe la noticia de que el monarca proyecta la demolición del castillo de Montilla, su ciudad natal. Vanas fueron sus súplicas por hacerle cambiar de opinión. Este nuevo gesto de humillación que sufrió supuso la ruptura definitiva con el rey, a quien siempre había profesado una sincera lealtad. Enfermó gravemente en Loja, donde murió. Sus restos mortales fueron trasladados con posterioridad a la iglesia de San Jerónimo de Granada.

Pintor nacido en Enguera (Valencia) en 1866. Llegó a Montilla junto a su familia cuando apenas tenía dos años. Sus primeros estudios los realizó en esta ciudad y terminó el bachillerato en el Instituto de Cabra en 1882. En Sevilla empieza a estudiar Filosofía y Letras, carrera que abandona para ingresar en la Escuela Superior de Bellas Artes de la misma ciudad, matriculándose en pintura donde consiguió sus primeros galardones. Trabajó en el Taller del montillano Solano Requena. Continuó sus estudios en Madrid matriculándose en la Escuela Superior de San Fernando. En 1877 ganó la segunda medalla de la Exposición nacional de Bellas Artes con la obra “La muerte de Lucano”. En 1883 obtiene una beca para estudiar en Roma pintura histórica, y marcha junto a Sorolla, Villegas y su hermano Manuel entre otros.

En 1890 obtiene una segunda medalla en la Exposición Nacional con la obra “Duelo Interrumpido” y por fin en 1892 obtiene la primera medalla en la Exposición con el cuadro “Cornelia”. Viaja por varias ciudades de Europa y realiza obras impresionistas. En 1893 es nombrado profesor de la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza, iniciando en este centro docente sus actividades caracterizadas por su gran afán renovador. En este mismo año gana la primera medalla en la Exposición de Bilbao con la obra “Magdalena” y es nombrado académico de número de la Provincial de Bellas Artes de Zaragoza. Expone en numerosos países, destacando las realizadas en Londres, Berlín, Barcelona y Madrid. En 1894 gana el certamen organizado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid para pintar el tema “Cultura española a través de los tiempos”. En 1895 pasa a la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Fue director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma. En 1901 el estado adquiere el cuadro “Manantial de Amor” con el que obtuvo primera medalla aquel año. En la Exposición Internacional de Bellas Artes, organizada para conmemorar el cuarto centenario del Descubrimiento de América, consigue la primera medalla con el cuadro “Los primeros homenajes del nuevo mundo a Colón”. En 1912 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. También le nombraron delegado del Ministerio de Instrucción Pública en el Congreso de las Artes del Dibujo. En 1915 fue nombrado subdirector del Museo del Prado. Años más tarde pinta varios retratos de la familia real española destacando dos de Alfonso XIII conservados en el Museo Español de Arte Contemporáneo y en el Palacio de Aranajuez, respectivamente. La época de su pintura religiosa se inicia en 1929. Su última exposición se realizó en Barcelona en 1942 en las que presentó óleos como son “Las Tres Gracias” o “Alma española”. Entre los innumerables galardones con los que fue premiado destacan el de Comendador de número de la Orden de Alfonso XII y Pintor de Corona, Caballero de la Real Orden de Carlos III.

Una vida, la de José Santiago Garnelo y Alda dedicada íntegramente a la pintura. En época de vacaciones en Montilla, realizó importantes obras que aún se conservan, como son los frescos de la capilla del asilo de ancianos desamparados, en casas montillanas, y un monumental cuadro que representa un milagro realizado por San Francisco Solano en el barrio de Tenerías que se expone en la iglesia Parroquial de Santiago de Montilla. También son de él los murales del antiguo convento de Salesas de Madrid, el salón del palacio de la Infanta Isabel, entre otros. Además de los cuadros donados por él a la Parroquia de Santiago “El milagro de San Francisco Solano” y “El Apostolario”, se conservan hoy algunas obras en manos de familiares y particulares. Sus restos reposan en el enterramiento que la familia posee en la cripta de la Parroquia de Santiago de Montilla, desde 1941.

Gómez Suárez de Figueroa, universalmente conocido como “El Inca Garcilaso de la Vega”, nace el 12 de abril de 1539 en Cusco, capital del Imperio Inca. Sus padres fueron el capitán Sebastián Garcilaso de la Vega –descendiente de escritores tan ilustres como el Marqués de Santillana o Jorge Manrique- y la princesa inca Chimpu Occllo –descendiente de Huayna Capac, bajo cuyo reinado, el Imperio Inca alcanzó su máxima extensión-. A la muerte de su padre y cumpliendo con sus últimos deseos, el Inca Garcilaso viene a España. Llega a Montilla el verano de 1561 buscando el amparo de su tío, el capitán Alonso de Vargas, quien lo acoge como a un hijo y lo introduce en los medios intelectuales y culturales de la ciudad. En este entorno iniciaría su intensa labor literaria. Traduce Los Diálogos de Amor, de León Hebreo, fechado en Montilla en 1590; en 1605 publica La Florida del Inca. Es en este lugar donde va elaborando afanosamente las que más tarde se convertirían en sus obras capitales: Los Comentarios Reales (1609), que narran la vida de los incas antes de la colonización española; y laHistoria General de Perú (1617), su obra póstuma.

Diego de Alvear y Ponce de León nació en Montilla el 13 de Noviembre de 1749 y murió en 1830. Estudió en el Colegio que la Compañía de Jesús tenía en Montilla y en Granada. Se alistó de guardamarina llegando a ser brigadier de la Armada Española e intervino en la Guerra de Sacramento, Río de la Plata de América donde permaneció durante un largo período de tiempo. En aquellas tierras contrajo matrimonio del que nacieron nueve hijos, algunos de los cuales junto a su esposa fallecieron en el hundimiento de su fragata en la batalla naval del Cabo de Santa María en combate contra los ingleses. Casado en segundas nupcias con la inglesa Luisa Ward, tuvo siete hijos más.

Defendió la plaza de Cádiz durante la guerra de la Independencia por lo que le conceden la Gran Cruz de Hermenegildo. Hombre polifacético, hablaba siete idiomas. Realizó observaciones astronómicas de notable interés. Es autor de obras como “Descripción de Buenos Aires” o “Demarcación de los territorios de España y Portugal”.

Catalina Fernández de Córdoba finaliza las obras de construcción del Convento franciscano, comenzado por su padre en el año 1500. Tras el deseo de su hermana doña María Jesús de Luna de dedicar su vida a la clausura, realiza las gestiones oportunas para que los franciscanos que en él habitan tengan otra residencia (Convento de San Lorenzo). La llegada de las Madres Clarisas tiene lugar en el año 1525. Ese mismo año, 12 de Julio se celebró solemnemente la profesión de la fundadora sor María Jesús de Luna.

Aunque nació en Sevilla en 1869, se puede considerar montillano ya que sus padres estaban afincados y residían habitualmente en Montilla. Cursó la carrera de derecho que no ejerció. Desde muy joven se hace cargo del patrimonio familiar, que casi en su totalidad estaba en Montilla. Fue un impulsor de la industria vitivinícola montillana y el creador de Bodegas Alvear en su actual régimen. Desarrolló una importante labor social, convirtiéndose a lo largo del tiempo, en mecenas montillano. Fundó el Sindicato Católico de Montilla y trabajó por el desarrollo de los demás de España, siendo nombrado presidente nacional de éstos en la década de los años veinte. Fue colaborador del establecimiento de los Salesianos en Montilla en 1899. Donó las casas para el Centro Misional y Residencial de los padres de la Compañía de Jesús en Montilla y el solar de la iglesia de la Encarnación.

Se desprendió de la casa número seis de la calle Diego de Alvear “hoy Colegio de la Asunción”, entregándola a las religiosas Esclavas Concepcionistas, en 1950, para la fundación de un centro de enseñanza, que perpetuara el nombre de su hija, Asunción de Alvear y Abaurrea, quien vivió y murió en esta casa (1897 – 1922). Construyó el edificio de “La Tercia” en 1921 enriqueciendo, con ello, el patrimonio arquitectónico de Montilla. Cedió a la ciudad la casa donde viviera más de treinta años el Inca Garcilaso de la Vega. Fue nombrado hijo adoptivo de la ciudad de Montilla y Gran Oficial de la Orden del Sol del país. En 1919 fundó la publicación local “Montilla Agraria”. A lo largo de su vida recopiló unas de las bibliotecas más importantes de la provincia.

La tradición brujeril se fundamenta en el proceso seguido por la Inquisición en 1576 contra un grupo de mujeres, de esta localidad, acusadas de hechiceras. Entre ellas, Leonor Rodríguez “La Camacha”, La Cañizares y La Montiela, inmortalizadas por Cervantes en “El coloquio de los perros”. En este libro dice Cervantes de La Camacha “… la más famosa hechicera que hubo…; …la que remediaba maravillosamente doncellas que habían tenido descuido en guardar su entereza, cubría a las viudas que con honestidad fuesen deshonestas, descasaba a las casadas y casaba las que ella quería…”. La Montiela y la Cañizares parecen haber nacido en la fértil imaginación del insigne escritor, aunque no le faltarían modelos humanos a las que atribuir sus nombres de entre el grupo de montillanas acusadas de hechicería e “invocadoras de demonios” por el Tribunal del Santo Oficio.

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